Un trabajo de la Academia Americana de Neurología publicado en la revista ‘Neurology’ concluye que encontró que la mala calidad del sueño percibida, así como una calidad de sueño inferior a la habitual la noche anterior, se asociaban con un mayor riesgo de sufrir migraña a la mañana siguiente. Asimismo, un nivel de energía más bajo de lo habitual el día anterior también se asoció con dolor de cabeza a la mañana siguiente.
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